viernes, 1 de julio de 2016

DE CABEZA


¿No sabes? Que el amor de una madre
se desentiende del orgullo
como el fuego
se desentiende de los gritos
de lo que quema. Hijo mío,
mañana aún
tendrás el día de hoy. ¿No sabes?
Que hay hombres que tocan pechos
como quien toca
cráneos. Hombres
que cargan sueños
por las montañas, con los muertos
en la espalda.
Pero sólo una madre es capaz de caminar
con el peso
de un segundo corazón que late.
Niñito tonto.
Podrás perderte en cada libro
pero nunca te vas a olvidar de ti mismo
igual que dios se olvida
de sus manos.
Cuando te pregunten
de dónde eres,
diles que tu nombre
se hizo carne en la boca sin dientes
de una mujer de la guerra.
Que no naciste,
sino que saliste de cabeza
al hambre de los perros. Hijo mío, diles
que el cuerpo es un cuchillo que se afila
cortando.
***
OCEAN VUONG (Vietnam, 1988 - radica en E. U. A.)
Versión de Ezequiel Zaidenwerg

lunes, 7 de marzo de 2016

NOSOTROS


Estamos desamparados en el mundo hediondo,
el aire se ríe de nosotros,
el agua se ríe de nosotros.
El fuego se va, no podemos guardarlo solo,
te digo que se ríe de nosotros.
Para tener el árbol, necesitas sembrarlo en el lodo.
Para tener el lodo, necesitamos morirnos nosotros.
La fruta que te comes, fue tu abuelo hecho polvo,
más tarde tu cabeza será un coco,
los árboles se ríen de nosotros.
El aire que respiras se sale por dos hoyos,
el agua que te bebes se sale por los poros,
se burlan los lagartos, se burlan los garrobos,
los animales se ríen de nosotros,
estamos desamparados en el mundo hediondo...
***

JOAQUÍN PASOS (Nicaragua, 1914-1947)

“Carta a mi madre"




Te escribo para decirte
que tengo un nuevo conocido,
el otoño, con la fría brisa nordeste
soplando sobre álamos y plátanos de la India
en las aceras de Madrid;
y unas hojas cayendo unas sobre otras
amontonándose
llevadas por el viento a media calle,
agarradas en el aire por mi mano;
hojas secas, amarillas, crujientes,
recogidas por barrenderos en la madrugada
y más tarde en un montón
quemándose
y el humo grueso subiendo
entre las ramas desnudas, blancas, húmedas
al mediodía.


Julio Cabrales

Madrid, 20 de diciembre de 1963

jueves, 18 de febrero de 2016

LO QUE MI PADRE QUIERE REALMENTE DE MÍ

1
Anoche tuve un sueño. Acompañaba a mi padre
por un camino de tierra. Los dos íbamos a caballo
y apenas cruzábamos palabras. A lo lejos se veía
la sombra de unos sauces, las luces de un pueblo
desconocido y remoto. De pronto, mi padre detuvo
su caballo y preguntó si yo sabía a dónde íbamos.
Le contesté que no. Entonces vamos bien, me dijo.

2
Los caballos del sueño sabían de memoria
el recorrido. Era cuestión de abandonar las
riendas, de dejarse llevar. Eso me causaba un
poco de aprensión, incluso un poco de miedo.
Mi padre, en cambio, parecía muy tranquilo.
Pensé, parece tranquilo porque está muerto.

3
Aquí es donde vivo, dijo como si me quitara
una venda. Fue muy poco lo que vi. Sólo un
páramo de piedras, remolinos de arenisca,
huesos de caballos amarillos. ¿Qué te parece?
No supe qué decir. Tenía sed y me dolía un
poco la garganta. Es un lugar hermoso, dijo,
pero a veces me gustaría regresar. ¿Por qué
no regresas, entonces?, pregunté. Porque es
más fácil que tú vengas me dijo. Y desapareció.



EDUARDO CHIRINOS (Perú, 1960-2016)

viernes, 10 de octubre de 2014

El fin



En mi jardín

mi madre está enterrada.

Apenas si se ven las puntas secas de sus dedos.



Al fin tengo invitados

y la tarde

qué espléndida se ha puesto.



“Nunca se acaban nuestros hasta aquí.”



Apenas si se ven las puntas secas de sus dedos.



Igual que mi jardín,

¿no es hermosa mi madre

igual que mi jardín?



Parecía nuestro jardín. ~




                       Mizuki Misumi




Versión de Aurelio Asiain.

Conmigo como base


Conmigo como base.

Muchas mujeres pasan.

Alguna se detiene.

Mis contornos se tuercen

y yo me descompongo.

Qué claro el cielo.

No he visto otro tan azul.

Se evaporan las lágrimas,

se convierten en nubes,

en lluvia ácida que nos disuelve.

De principio a fin

no hago otra cosa

que decaer,

disolverme,

pudrirme,

volverme tu composta.

Conmigo como base,

tú creces.

Tiendo las manos débilmente al sol.

Mi brazos se deshacen. ~



Mizuki Misumi



Versión de Aurelio Asiain.

jueves, 9 de octubre de 2014

National Geographic



Conociste el mar hace unos días.

Jueves. Octubre.
Dos de la tarde.
El Pacífico te mostró
dónde termina la eternidad,
dónde comienza.

Siempre creí recordar
una fotografía donde tú,
más joven que yo ahora,
caminabas en la playa,
con el sol ocultándose al fondo.

Cuando me hablaste del viaje
quise ir contigo
para grabarme tu expresión
justo en el momento de ver el mar,
y sustituir en mi memoria esa foto que nadie tomó.
Padre: hace años escribí un poema
que hablaba sobre el mar
pensando en recordártelo,
creyendo que iba tras de ti, a alcanzarte
en las páginas de un álbum
cerrado hace mucho tiempo.
Ahora sé que conocí el mar antes que tú
y mis palabras te hablaban 
como llevándote de la mano hasta la playa
para compartir contigo un secreto, un misterio,
y luego sonreírte y que corrieras
y quedarme atrás pensando
que las olas te creerían un hijo mío
y reconocerían quizá en tu rostro,
al mojarlo, mi rostro. ~

Noviembre 2007 ,Letras Libres.

Poema del miedo





I.



nos despertamos con él
no lo tendremos bajo control
sino hasta la noche

comienza su agitación

Miedo. Eso en lo que entramos al traspasar el umbral.




da vueltas
y nosotros en él
perdiendo el equilibrio

hecho nudo

adentro
como exprimido




incluso las cosas comienzan
a perder aplomo

todo se ablanda

uno se afana por salir
de la zona de peligro
o bien se hunde
y se echa tierra encima




alrededor
adentro y a través

como si hubiera permeabilidad

y el de adentro
se une al de afuera




desaprueba

y enfrente
el cuerpo se queda inmóvil

o si no el cuerpo es
helada envoltura
con el miedo moviéndose
adentro




el agua sube
y la arena y la tierra en el agua

uno calla

en el lodo
frío





II.



sentimos en la sombra
a nuestro alrededor
un movimiento más oscuro
y lento

la sombra nos acecha

escrutamos sin ver
sin saber qué nos espera


avanzando a ciegas
con miedo de perdernos
presentimos
el momento
en que se derrumbará el fino caparazón
lentamente construido





cuando logramos escapar
ya no queda nada que el miedo pueda
destruir


entonces
a veces reímos
cuando recorre el cuerpo
loco y azotando la cabeza en las paredes



no dormimos

en cuanto los ojos empiezan a cerrase
lo sentimos
como agua que brota
desde el fondo

zozobramos en él

no dormimos




quién puede aguantar
con el aire y la arena
en la boca
girando en la lengua
asfixiantes


quién puede decir
con el agua
en la boca
lo que haría retroceder al agua




III.


Al amanecer, una fina llovizna.

Al abrir la ventana, uno recibe en pleno
una bocanada de agua y de
tierra fresca.

Al amanecer ya pasó lo más duro.


Antoine Emaz


Traducción: Una Pérez - Ruiz


viernes, 11 de julio de 2014

Al llegar vi que había una mujer
Dormía dándome la espalda
Dormía con violencia
No quiso ver que yo pisé su lecho


Es ya la hora de despedida
Cuando al fin se rebulle
Abre casi los ojos va a mirar en su entorno
-          Como su hija miraría


Me voy libre de peso
Contento de no ir a ningún lado
De no ser el ausente en ningún lado
De que no me haya visto


Ligero de pensar que desde lejos
Sabré que está despierta de su sueño
No del mío.




Tomás Segovia.

miércoles, 9 de julio de 2014

De una despedida




Ya la luz retira
     la mesa feliz del encuentro.
     El girasol del deseo
     repliega sus pétalos.
     
     Mirra para el recuerdo
     los dones compartidos: el pan,
     la sopa de alubias, la música,
     el poema de Idea Vilariño...
     
     Taciturnos, subimos al ático.
     Pendientes del crepúsculo
     aspiramos el aroma
     que despiden los geranios.
     
     De vuelta, por la calle Salesa,
     demorándose en vano
     prólogo a la ausencia
     discurren nuestros pasos.
     
     La esquina llega como un plazo.
     Palabras y miradas
     sobrevuelan desorientadas
     la aparente fortaleza de los abrazos.
     
     De prisa, sin volver la cara
     desciendo
     y tomo el Metro
     dirección Esperanza.
     
     En el pesaroso trayecto
     vuelve una voz y su plegaria.
     Con ella pido a quien viaja
     acaso oculto en el tiempo:
     
     Haz que ninguno muera
     sin antes volver a vernos. –




Eduardo  Mitre